jueves, 24 de marzo de 2016

El circo del terror continúa

Llevaba semanas sin escribir en este sitio, así que voy a tratar de ser lo más conciso posible para comprender qué nos ocurre. Meses después de la horrenda travesía que se vislumbra en Europa, parece cierto eso que decía Nietzsche sobre el eterno retorno: la historia es circular, se repite cíclicamente.
Una vez más, otra salvajada en el corazón de Europa por parte de veinteañeros fanáticos del Islam, ciudadanos del propio país, provenientes de barrios degradados y condenados de antemano a un futuro humillante. Perfiles idénticos a los de los otros asesinos y sus masacres tan reverberadas y que tanto miedo crean dentro de nuestras malditas fronteras.

El ataque a Bruselas no tiene nada de azaroso. La capital de Bélgica tenía motivos muy importantes para ser el siguiente blanco. A diferencia de Francia, este pequeño país centroeuropeo no se había caracterizado por marginar a las capas de población musulmana dentro de su sociedad. De hecho, tradicionalmente han sido respetadas por la mayor parte de la población. No obstante, a raíz del atentado de Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015, lideró una de las mayores persecuciones contra todos aquellos sospechosos de pertenecer al Daesh. Registros de domicilios, detenciones, interrogatorios... Aunque parezca increíble, en la mayoría de los casos estaba justificada su acción, pues lograron atrapar a células terroristas e impedir baños de sangre. Inevitablemente, eso le había puesto en el punto de mira, hasta el punto de que días atrás de que estallaran las bombas en la capital, el gobierno veía como "posible y probable" un próximo atentado.


Pero hay otro motivo. Al igual que en París, los yihadistas de Baghrdadi quieren dar un mensaje golpeando a la ciudad donde se encuentran las instituciones más importantes de la Unión Europea. Un mensaje de advertencia sobre su avance en la delirante búsqueda de su califato. Pero frente al circo del terror, en Europa nos hemos topado con un insondable muro de vergüenza. Confieso que me quedé atónito cuando conocí el famoso acuerdo al que había llegado la Unión Europea con Turquía para expulsar a todos los migrantes fuera de sus fronteras. No podía creerlo. Ni siquiera habían sido recibidos en varios países y ya los estaban echando. Casi dos millones de personas huyendo de la guerra, con heridas incurables en sus vidas, con derecho de asilo político... Y esta estúpida Europa, la que nos ha engañado con sus bancos y sus desvíos de capital, la que con su neoliberalismo ha alcanzado cuotas terribles de desigualdad y miseria, les da la patada en nombre de la libertad y la lucha contra la extrema derecha. ¿Quién les ayudará ahora? ¿Alemania? Hace dos semanas se manifestaron en Berlín más de tres mil pronazis contra los refugiados. ¿Francia? Es allí donde la islamófoba y ultraderechista del Frente Nacional Marine Le Pen tiene muchos votos de ser la próxima presidenta. ¿Reino Unido? No es probable cuando ha hecho firmar un humillante tratado sobre el control de la inmigración y el recrudecimiento de las medidas policiales contra los extranjeros y hay pendiente un referéndum sobre su permanencia en la Unión Europea.

Lo que es seguro es que España no moverá un dedo por los derechos humanos, cuando el presidente en funciones sigue siendo un títere de los intereses extranjeros y existe una incertidumbre política y represión como pocas veces se ha visto en el país. Tampoco podrá hacer nada Grecia (qué tiempos aquellos en los que parecía la esperanza), cuando están desbordados por la llegada de miles de refugiados y se encuentran con que el resto de países les han cerrado las fronteras.

La gota que colma el vaso es la fotografía de un niño en un campo de refugiados con un cartel que pone "Sorry for Brussels". Es insoportable que las mismas personas que huyen de la guerra tengan que pedir perdón por los crímenes que cometen sus mismos agresores. Pero ya es tónica general, ¿no? Ahora por ser musulmán, árabe, llamarte Mohamed o Fátima, tener la tez morena o llevar velo tienes que disculparte constantemente por existir. Es el siguiente paso en el circo del terror: avergonzar y humillar hasta convertirlos en el nuevo enemigo común.

El surgimiento de movimientos de extrema derecha en un continente que padeció los fascismos después de tantos años de lucha refleja algo terrible pero cierto: muchos europeos no quieren creer que los seres humanos somos libres e iguales. Hemos creado nuestros propios monstruos. Y, llegado el momento, y si seguimos esta estúpida deriva, ya serán demasiado reales y habrá que combatirlos por todos los medios.

Y, como soy incapaz de entender la vida sin libertad, que el maestro Moustaki cante por ellos. Por todos nosotros.






sábado, 20 de febrero de 2016

Libertad de expresión [Standby]

Asisto atónito a un cúmulo de sucesos que me hacen estremecer. Recelo de los mensajes alarmistas y no me gustan las interpretaciones apocalípticas, pero estoy asustado. Y creo que tenemos motivos para creer que ahora mismo hay un gran peligro en España.

Hará dos semanas que estalló la polémica del encarcelamiento de los dos titiriteros por emplear el término "Gora Alka-Eta" como recurso satírico en una obra de ficción ante varios niños. La extrema medida de un juez de la Audiencia Nacional, con un pasado siniestro como policía nacional, sirvió para criminalizar a dos artistas que, independientemente de lo cuestionable que fuera representar una obra claramente adulta para un público infantil, ejercían su derecho a la libertad de expresión. Desgraciadamente, el ayuntamiento de Madrid siguió la lógica de la caverna mediática y culpó a los artistas antes que defenderlos, y ahora dos asociaciones de víctimas del terrorismo que tan tristemente se han convertido en armas de intereses políticos (Asociación de Víctimas del Terrorismo y Dignidad y Justicia) se han querellado contra los titiriteros precisamente por eso, por representar una obra de teatro.

Pero es que la cosa no ha acabado ahí. Esta semana ha comenzado el juicio contra la concejala del mismo ayuntamiento, Rita Maestre, por irrumpir hace cuatro años en una capilla con consignas en defensa de la mujer y desnudarse de cintura para arriba junto con más activistas. Maestre ya se había disculpado por las posibles ofensas, pero es que el delito al que se enfrenta es "contra los sentimientos religiosos". No es broma. Y es que un delito heredero de los autos de fe inquisicionales está amparado por nuestro sistema. Una vez más, otra querella como instrumento político (solo Maestre y Hector Meleiro, los dos de Podemos, han sido acusados de entre todos aquellos participantes) iniciada por sectores ultrarreligiosos católicos y filofascistas. Qué ricura.

Otra más: la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau querellada también por una ofensa hacia el cristianismo por en un acto público la poestisa Dolors Miquel recitar un poema feminista que imitaba al Padre Nuestro . El primero que encabezó las críticas: el actual ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, que, como no, es miembro del Opus Dei.

Otro: varios grupos de presión sionistas se querellan contra el semanario satírico El Jueves por parodiar en una de sus páginas la creación de Israel. Hoy en día, parece que decir que un Estado que asesina a miles de inocentes al año, que mantiene el apartheid y que solo admite a personas de un misma identidad histórico-religiosa (en este caso, los judíos) es una democracia sería algo impensable, pero el beneplácito y complicidad internacional con Israel lo desmiente. Aun así, ha sido admirable ha sido el manifiesto de personalidades en contra de esta nueva criminalización.

Y la última y más reciente: cinco sindicatos de Radiotelevisión Española, en una reunión en la que denunciaban la represión contra un periodista por criticar la manipulación informativa a la que estaba siendo sometida, fueron comparados por un directivo como ETA.

Este aluvión de intolerancia y permisividad es inaudito en estos últimos años. Algo me dice que las estructuras de ultraderecha están aprovechando la situación de inestabilidad en la formación de gobierno para actuar con carta blanca sobre los focos que quieren apagar. La libertad de expresión, una vez más, se está quedando coja, y muy pocos están haciendo algo para remediarlo.

Muchos sectores de este país no entienden todavía que la libertad de expresar está por encima de las creencias individuales, le duela a quien le duela. No debemos consentir que se robe la facultad de hacer ficción y de satirizar contra las estructuras del poder, ni criminalizar a aquellos que lo hacen, porque esos son los que dan su sangre por la libertad.

Evelyn Hall, biógrafa de Voltaire, resumía la vida de este intelectual ilustrado maestro en la sátira con la tan repetida frase: "Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Será pomposo, pero la historia está de llena de ejemplos que dan su vida por ello. Hagámonos un favor y no olvidemos su sacrificio.

P.D: Para los que no entienden aun que en una democracia no pueden haber delitos de inquisición, he aquí la famosa lección de vida de La vida de Brian, una película que más de una querella por eso mismo recibió y que sigue siendo referente del humor y cine político.

Pasad buena semana.



domingo, 14 de febrero de 2016

El tiempo libre en la educación

Soy un defensor de los sistemas educativos que personalizan e intentan dar respuesta a las inquietudes de los estudiantes. Lo he sido siempre, y estoy más convencido de ello después de haber sufrido durante más de una década el proceso industrial de la educación en España. Es escalofriante el número de alumnos por aula que se permite en este país. Y aún tenemos que agradecer que lo redujeran en verano del año pasado.

Uno de los aspectos que me atañen más en toda mi experiencia en las aulas (o más bien, fuera de ellas) es la cuestión del tiempo libre. Ahora que se está haciendo apología de la formación como factor de innovación para contribuir a la economía, cada vez hay que tener cuidado con adónde nos dirigimos: como diría Noam Chomsky, es ridículo creer en la educación considerada mero instrumento para incrementar el PIB. De hecho, existen estudios que reconocen a la educación por su eficiencia y no por su capacidad de hacer pensar y actuar a los educandos. Economización, lo llaman. Algo ciertamente deprimente, donde la garra neoliberal vuelve a tejer su trampa.

Pero retomemos lo del tiempo. En mi experiencia educativa, con especial repunte en la Universidad, me he topado algunas veces con visionarios de tercera clase, iluminados amparados por el sistema que creen que pasar muchas más horas dará los conocimientos necesarios sobre una determinada materia. Que, en definitiva, cuanto más tiempo, siempre mejor, aunque sea a costa de robarle horas que las personas estudiantes desearían tener para ellas mismas.
Con todo mi respeto, creo que ese tipo de docentes no deberían ser aptos para instruir a nadie, ni siquiera para darse lecciones a sí mismos. Aprender unos conocimientos debe llevar un tiempo ajustado de lo que impliquen, y no deben interferir con la función social de desarrollar otras labores fuera de la Universidad. Como dice un querido amigo mío, en la calle se aprenden muchas más cosas que en la universidad.

Es verdad que asistimos a un proceso de desarraigo por la acción y tecnocratización de los espacios universitarios en favor de un "estudio y me voy a casa". Ese tiempo lo suplen las borracheras en discotecas con precios abusivos e interminables horas delante de la pantalla del ordenador para descubrir, un vez más, que no se aprende nada memorizando sin comprensión. Me entristece que solo se visiten las bibliotecas para estudiar o sacar libros de texto, con todo el potencial que son capaces de poseer. Toda la oferta que hay dentro y fuera, y tan huérfana de jóvenes. Tal como recoge un estudio sobre el asociacionismo de los jóvenes europeos, los principales obstáculo para los españoles sobre estar o no dentro de una asociación de cualquier tipo (religiosa, deportiva, cultural...) son la falta de tiempo o el no haberlo pensado nunca. ¿Hay o no hay un hilo en todo esto?

Pero esos problemas que padecemos se deben combatir con otros instrumentos de promoción (que ya existen y se siguen poniendo en práctica a duras penas), no restringiendo tiempo a los estudiantes. Tal vez en este caso, seamos los alumnos los que no estamos a la altura de toda la dimensión cultural, vital, social y ecológica que nos ofrecen las universidades. O eso, o que algo va mal en nuestro sistema educativo. Pero bueno, eso ya lo sabíamos todos, ¿no?

domingo, 7 de febrero de 2016

Miedo y asco en los Goya

Los 30 años del cine español no tuvieron el reconocimiento que se merecían anoche. La tristeza y la incertidumbre eran las sensaciones finales de un servidor amante del cine que, perplejo, veía como la ceremonia más importante de este país se consumía en un cúmulo de pantomimas sin gracia ni sentido. Una noche terrible, no por la admirable calidad de todos los nominados, sino por la mala planificación y duda sobre la libertad de expresión de este evento.

En primer lugar, se echaron en falta más espectáculos y muestras de la calidad de nuestros intérpretes. Lo único que destacó fue el baile del principio (cuya letra ya no inspiraba demasiada confianza), un espectáculo demasiado breve de ilusionismo de Jorge Blas y una tamborilada que no entendemos demasiado bien por qué rendía homenaje al gran maestro cineasta Luis Buñuel. Hasta la actuación de un Serrat con dificultades más visibles para proyectar la voz pecaba de agorera, pues la letra de la canción no iba nada más y nada menos que del cierre de una sala de cine.

Dani Rovira repetía como presentador de la gala, pero su tradicional figura de colega para todos los públicos daba paso a una personalidad mucho más incisiva, irónica e incluso mordaz. Una personalidad menos espontánea pero mucho más valiente en cualquier caso, porque esta vez sí que se atrevió a salirse de la programación estipulada con alusiones críticas a la situación política actual, incluyendo un memorable fallo técnico.

Luego, un Resines que no inspiraba ni seguridad ni aplomo como presidente de la Academia de Cine de España. ¿Qué es eso de la mención al imperio de las leyes o un discurso tan ambiguo como desconexo? Ni carisma ni sinceridad. Más aún cuando su antecesor, el productor Enrique González Macho (representante de la vertiente más conservadora de la Academia) ha sido imputado por un supuesto falseamiento de datos para obtener más subvenciones en una de sus películas. Un pájaro negro sobre el cine y sus burdas y acríticas formas de financiación, que tanto daño hacen a día de hoy a la industria cinematográfica española. Un hecho extraño fue el recibimiento del Goya de Honor de Mariano Ozores, que más parecía encontrarse en un velatorio que recibir el aplauso de todos sus compañeros de profesión.

Pero lo más indignante fueron los instrumentos de censura de los que hicieron nata y crema los encargados de llevar la gala a su ritmo. Como tan bien afirmó el maestro Darín al recoger su Goya al mejor actor principal, un criterio "dudoso" el de poner la musiquita que ponía el acento sobre la creciente manipulación a la que se ha visto sometido un ente público tan importante como Radiotelevisión Española. El hecho más flagrante fue cuando cortaron de raíz la denuncia del productor del documental ganador, Sueños de sal, cuando hablaba de la falta de conciencia de los actores y la población en general hacia la situación de pobreza en España. O los "dentro vídeo", también luciéndose de lo lindo. Métodos que cada vez se volvían más sofisticados, aludiendo a un problema de tiempo pero con intenciones más oscuras. No es algo nuevo: Carlos Areces ya denunció el año pasado la existencia de censura en la Gala de los Goya del año pasado.


No quiero ser catastrofista, porque la gala también dejó momentos emotivos. La declaración a lágrima viva de Miguel Herrán, mejor actor revelación, agradeciendo a su mentor Daniel Guzmán (que cuando recogió su premio como mejor director novel agradeció enormemente a su abuela) fue realmente sincera. O las confusiones de un anonadado Lucas Vidal, ganador de otros dos premios  de la Academia (mejor canción con Pablo Alborán y mejor banda sonora). O la solemne declaración de Javier Cámara al recoger su galardón por mejor actor de reparto.

También quiero reivindicar la enorme calidad de las películas de este año: Truman, La novia, Un día perfecto, El desconocido, A cambio de nada, B: la películaEl rey de la Habana, Requisitos para ser una persona normal, Mi gran noche... Hermoso fue ver a León de Aranoa recogiendo el premio a mejor guion adaptado después de, como dijo él, muchos años sin pisar la alfombra roja. O los heroicos alegatos de Antonio de la Torre por los refugiados y Juan Diego Botto por los titiriteros recientemente encarcelados en un procedimiento que, como poco, induce a sospechar.

Los profesionales del cine supieron estar a la altura, pero la gala fue esperpéntica y grotesca. Aunque, mirándolo desde otra perspectiva, y a juzgar por el nombre que adoptan estos premios y la situación de incertidumbre política, seguramente haya sido acorde al dolido sentido de la obra del maestro Francisco: el de un país de gente digna y sacrificada que no consigue levantar cabeza por culpa de sus gobernantes. Miedo y asco, sí, pero también pena y crispación.




jueves, 31 de diciembre de 2015

2015, año de victorias y convulsiones

Hace exactamente un año, cinco amigos decidimos quedar en casa de una de ellos para celebrar el inicio de una etapa de nuestra vida nueva. Al final, cuatro de ellos acabamos completamente destrozados por la "oportuna" idea de comer un brownie de marihuana. En fin, nada que no anticipara que 2015 sería un año de mierda. A nivel global, no nos equivocábamos.

Empezamos el año con una tragedia que espantó a Europa: el asesinato de unos irreverentes, geniales dibujantes franceses y otros inocentes a manos del terrorismo yihadista. Cuando no queríamos darnos cuenta, la crisis de los refugiados, que llevaba años enmascarada por potencias criminales y medios interesados, explotó en la cara del egoísta Occidente que conformamos los ciudadanos de la Unión Europea y Norteamérica y nos recordó que la democracia neoliberal se construye a golpe de privar de dignidad a millones de vidas. Vivimos con sobrecogimiento el fracaso de Syriza en Grecia tras la brutal represión de la oligarquía corrupta de la Unión Europea y el avance del TTIP como el preludio a un tiempo de cada vez menos seguridad y más recortes en nombre del libre mercado. Sufrimos el dolor de esas personas corriendo por su vida en Oriente Medio, y por primera vez en nuestra historia, el nombre de Siria estaba presente en todo el mundo. El año en el que cientos de personas murieron en un avión comandado por un suicida fue 2015, el mismo año en que se consolidó el enemigo número uno mundial, el Daesh con su grotesco califa Bagdadi, y en el que renacieron los monstruos de los años 30 con nuevas caras en Francia (Le Pen), Inglaterra (Farage), Grecia (Michaloliakos) o Estados Unidos (Trump). El año en el que se fugó el Chapo Guzmán y desaparecieron 43 jóvenes en Ayotzinapa fue el mismo en el que en Ucrania se mataban por la nación y en África el ébola era erradicado a base de golpes. 2015 fue también el año en que murieron Lemmy Kilmister, Demis Roussos, Vicente Aranda, Pedro Zerolo, Ana Diosdado o Leonard Nimoy, entre otros. Y el año en el que el Partido Popular y el PSOE fueron las fuerzas más votadas en un país que, una vez más, demostró desmemoria y falta de conciencia.

En un año tan devastador, me resulta irónico que me lo haya pasado tan bien. Viajé a Ávila, Navarra y Euskadi. Me dejé los pulmones en el ViñaRock con Los Chikos del Maíz y el Reno Renardo. Aprendí sobre la injusticia de Israel y la solidaridad hacia los palestinos, por lo que el caso Matisyahu en el Rototom me dolió aun más. Aprendí a ser más compasivo conmigo mismo, a actuar teatro de Chéjov y a escribir reportajes. Impulsé este blog, descubrí cómo ser irónico, no me resigné a ser solo un acto de reflexión. Leí, escribí mi primera obra de teatro, me liberé de muchos de los fantasmas del pasado, los que se quedan en la memoria para recordar que las heridas existen. Hablé con Gervasio Sánchez y Daniel Guzmán, consolidé mi relación con mis amigos y olvidé a mis enemigos. Reí junto a mis compañeros de vida y mi familia, lloré por el dolor ajeno y propio Gracias a una profesora de interpretación redescubrí mi deseo esperanzado de poder vivir como actor, y gracias a numerosos proyectos, aprendí a expresarme mediante la palabra y a disfrutar del audiovisual, las artes escénicas y la literatura. Viví con una ilusión inesperada como el humanismo, el buen hacer y la voluntad de cambio se instalaron definitivamente en mi ciudad, y cómo los maleantes y corruptos que se creyeron inmortales fueron condenados a la humillación y el olvido. Experimenté el no poder parar y la necesidad de estar en movimiento, como el eterno viajante del que hablaba Manolo Chinato. En definitiva, y pese a todo, he sido feliz con las cargas y el azar que suponen estar vivo.

Desconozco si el próximo año será peor que el presente, si habrá razón o seremos devorados por la cruel infamia de la guerra. Tengo la pueril esperanza de que aprenderemos de nuestros errores y podremos mantener el derecho a vivir en paz, el derecho al que invocó Víctor Jara y que en los últimos años cada vez se hace más irreal. Por lo menos, siempre queda la esperanza de que aunque se empiece un año catastróficamente, las circunstancias siempre pueden mejorar. Saramago ya lo recordaba: la victoria no es eterna. Por suerte, la derrota tampoco.


Feliz 2016.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De los cobardes sí se escribe

Y sigue el circo mediático, un espectáculo lamentable que se nutre de la más profunda mediocridad y de las más bajas pasiones. La campaña electoral continúa y aún no nos hemos subido la bragueta. Y esta vez son sonados protagonistas los representantes del bipartidismo: un seudoizquierdista que maneja las palabras y los gestos con la digna imitación de C3PO (¿suplirán sus mecánicos tonos de voz y su gestualidad uniforme a las talentosas cualidades de Jordi Hurtado?) y un pobrecito señor de la tercera edad venido a menos, incomprendido y olvidado por el sistema herido en su dignidad y relamiéndose con la desolación más cutre y patética que una persona que conozca el contexto pueda imaginar. Telenovela asegurada, viaje al centro del melodrama.


Demostrado está de sobra que algunas cosas no cambian, sino que van a peor. El debate de antes de ayer estaba más a la altura de una pelea de gallitos en un garito de pocas luces que de un intercambio de argumentos y contraargumentos. Una genuina expresión de lo grotesco. Valle-Inclán se sonrojaría ante un esperpento así. Soy muy escéptico con la exaltación de la nueva política y el exacerbado rechazo a la vieja política, sobretodo porque es falacia que una cosa por ser más reciente sea necesariamente mejor (la reforma de la Fontana de Trevi, por ejemplo). ¿Pero en esto? En esto no puedo estar más de acuerdo con esa distinción.

Y para colmo del desmadre, entra en juego la honorabilidad de alguien del que ya sabíamos que poca vergüenza tiene. Que Rajoy se ofenda de esa manera porque su contrincante le dijera que no es decente implica lo extremadamente lejos que está de la ciudadanía. La barbaridad de golpetazo que le han dado en el paseo de Pontevedra, su amada urbe, suman en este descarado juego que más de uno entenderá como lo mejor que ha pasado en semanas. Lamentable.

No creo que aporrear a los representantes del gobierno sea lo adecuado (no me gusta la violencia ni lo que representa), pero es un riesgo que se corre cuando se hace política de espaldas a la vida de la gente corriente, cuando se tiene la suficiente desvergüenza para no dar la cara salvo cuando interese y no estar a la altura de un pueblo que cada vez es infinitamente mejor que sus gobiernos. Son cosas del cargo, y si se miente descaradamente (aunque sea desde pantallas de plasma) sin escarmientos, es algo que no se puede justificar, pero sí prever.  

Eso sí, espero que lo de hoy no sea blandido como argumento para crear una nueva ley de seguridad ciudadana, que son capaces. Al fin y al cabo acaban acogiéndose a unos derechos que paradójicamente recortan con la saña de un Jeffrey Dahmer desatado.

En contra de la violencia, tiene usted todo mi apoyo, señor Rajoy. En nada más. Las ofensas son para todos, y uno no siempre es justo ni mide con la misma vara. Pero bueno, ese argumento ya lo usan ustedes con el tema del humor. Espero que lo entienda, y no se ofenda por el título. 

lunes, 7 de diciembre de 2015

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

A unos minutos de haber acabado el ansiado debate entre los cuatro principales candidatos solo queda hacer una reconstrucción de los hechos para tratar de sacar algo en claro. He de confesar que no estaba entre mis planes ver el debate hace una semana, pero el tiempo ayuda en ese sentido. Cosas de las vacaciones.

Una vez me propuse a escribir, pensé en la alegoría de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Salvando las distancias, creo que es la metáfora más adecuada que uno se pueda imaginar para describir un ambiente pantanoso después de que se hayan formulado todos los discursos y estrategias.
Si alguien sabe algo del Nuevo Testamento sabrá que estos caballeros son citados en el capítulo del Apocalipsis, de forma muy breve. Victoria, Hambre, Guerra y Muerte. ¿Quién representa a quién en el juego de las ranciedades y conspiraciones de la política española?

Para introducir, antes ciertas levedades: ¿Cuánto tendremos que esperar para ver debates en la televisión pública, que sufre desprestigio y clientelismo cada vez más acentuados desde que gobierna ya sabemos qué partido? ¿Por qué coño tiene que presentar Susana Griso los análisis previos y posteriores (de verdad no hay nadie mejor en la casa de Atresmedia)? ¿Y qué le ha pasado a Ana Pastor, que ha preguntado mucho menos que un sorprendente (tal vez por inesperado) Vicente Vallés?

Dicho esto, voy a hablar sin tapujos: entre el inicio y el primer descanso creía que el vencedor sería Albert Rivera. Me ha parecido muy hábil con su manejo de los datos y sus ágiles respuestas. En la línea que suele manejar, ha mantenido también la predisposición de querer ponerse de acuerdo con todos, viajando a ese modélico centro que defiende. ¡Hasta me ha llegado en algunos momentos a convencer de que verdaderamente representa el cambio! Pero algo ha fallado. A partir del segundo descanso se ha empezado a poner nervioso, alarmado, incluso intransigente. La habilidad con las respuestas seguía, pero su nervio le ha hecho fracasar tácticamente en algunos aspectos (su defensa a ultranza del pacto antiterrorista, término del que solo oír hablar me dan escalofríos; o su desconcertante indignación frente a la mención de Iglesias de Ocho apellidos catalanes). Su discurso, otra vez más, se ve marcado por el oportunismo y un maquillaje de neoliberalismo que llega a tintes fanáticos (¿no ha sorprendido que use un término como el de "capitalismo de amiguetes"?). Creo que sería el Jinete del Hambre. Y no porque no crea en la sagrada viabilidad económica, sino más bien por todos los ciudadanos españoles que quedarán hambrientos después de reconocer, de una vez por todas, que no aporta apenas nada nuevo. Rivera es un gran estratega, pero para nada un ideólogo certero. Me atrevo a decir que Ciudadanos es más populista que Podemos, pero precisamente porque es un populismo "respetable" es por lo que gana tantos apoyos.

¿Dónde entra Pedro Sánchez? En el primer descanso es evidente que ha sido excesivamente agresivo. La sorna, interrupciones y comentarios mordaces han inundado el inicio del debate, tal vez para afianzar un papel de ambigüedad. Sabía a qué público dirigirse en todo momento, y de hecho ha sido un gran orador en algunos asuntos (con diferencia, el más minucioso en cuanto a las medidas contra el yihadismo). Pero esa arrogancia inicial, que más tarde ha tratado de corregir e incluso ha generado un efecto contrario al hablar menos, demuestra que trata de encontrar su posición. El discurso está impoluto, pero una cara bonita no basta, y más si viene de un partido como el PSOE y resucita el dicurso de las derechas y la izquierda. También resulta un poco triste que el único partido vuelva a mencionar las falacias de Grecia y Venezuela para desprestigiar a Podemos haya sido uno que se considera de izquierdas (los otros dos de derechas, ni una palabra sobre el asunto). Sánchez podría ejemplificar la Guerra. No por su apoyo a la lucha armada, sino más bien por las batallas que tendrán que acometer, una vez más, la gente que verdaderamente cree en los ideales del partido frente a los que han edificado un baluarte donde viven de lujo. En fin, lo mismo de siempre. ¿Sería irónico creer que existirá una lucha de clases en un partido que hace tiempo fue socialista y creyó en el marxismo?

A todo esto, el único perdedor de la noche puede decirse sin tapujos que no estaba en el debate. El presidente de las pantallas de plasma, del ninguneo a los debates y de los lamentables SMS estaba tan feliz viendo el debate con su familia en Doñana, mientras su segunda a bordo se rompía los dientes defendiendo un supuesto crecimiento y una salvación que de tanto repetirse se vuelven un poquito insoportables ya. Sáenz de Santamaría no ha decepcionado en lo que se esperaba de defender las políticas del PP hasta límites insospechados (ha llegado a decir que todos los partidos menos el suyo contemplaban subir el IVA). Por lo menos, hay que reconocer su valentía por dar la cara por un Rajoy que cada vez sabemos menos qué coño pinta como candidato, y su honradez en temas como Cataluña ofrecen perfiles claros y concisos de su ideología (¿para qué queremos a Le Pen si podemos tener a Soraya?). Su participación más que activa y sus contestaciones directas están bien, pero deberían corresponderse más con la realidad. Al fin y al cabo, su atuación se ha limitado a repetir unos mantras más que interiorizados y defender un supuesto mérito de haber sacado al país de la crisis. Hasta en algunas ocasiones parecía que estuviera leyendo del teleprompter.

¿Qué jinete sería Sáenz de Santamría? Paciencia, porque eso me lleva al siguiente candidato. Pablo Iglesias ha pasado extremadamente desapercibido en casi todo el debate, formulando un discurso generalista que no aportaba nada con respecto a lo que ofrecían los otros tres. Ha tenido que pasar el tiempo hasta que se activara, aunque ha tenido momentos en los que ha recibido varios palos (asunto Monedero por Sáenz de Santamaría o dureza de Sánchez) por no haber estado a la velocidad que se esperaba. Con seguridad, era del que más se esperaba que metiera la pata (el bolígrafo para dar seguridad ha sido su elemento distintivo). Pero ha tenido momentos mejores cuando, curiosamente, ha ido a rebufo del resto. La autodeterminación en Cataluña, su rotundo no a la guerra en Siria o su minuto final (con el toque de gracia del puño de hermano del Bronx al final) recuerdan las expectativas que hace un año y medio crearon sobre cambiar el país. Al menos, su arrogancia natural no ha salido exuberante, lo cual quiere decir que sí que trabaja sus discursos con detalle.
Voy a ser asquerosamente sincero: Podemos me ha ido desencantando en muchos aspectos (sobretodo a raíz de no haber pactado con Izquierda Unida), pero de lo que hay, creo que es la única alternativa con una mínima posibilidad real de implantar auténticas reformas en este país. Seguramente peco de crédulo, pero no se me olvidan las ilusiones de cuando empezó todo. Incluso ahora que siguen una poco provechosa estrategia que rehuye del convencional izquierda-derecha, pienso que deben tener presencia. Aunque no vale cualquier cosa y hay que ser muy críticos, eso que quede claro.

A eso iba con lo de los jinetes. Rajoy, que no Soraya, es el Jinete de la Muerte, una destrucción para las ansias de los millones de ciudadanos españoles de reconstruir España y hacerla más justa y habitable. Iglesias, con sus más y sus menos, ha de ser el Jinete de la Victoria de la participación frente al apoliticismo, de las propuestas frente a la sumisión, de la sonrisa frente a la frustración. Ha de ser eso, porque si no, tendremos un problema muy serio de cara al futuro y volveremos a lo de siempre. El Apocalipsis nunca llega, pero si lo hace, necesitamos saber seguro a qué agarrarnos.

P.D: Sé que no publiqué la semana anterior, pero es que literalmente no tuve tiempo. La semana siguiente, espero que la cosecha sea buena.