Eduardo Galeano falleció hoy en Montevideo (Uruguay), su ciudad natal, con 74 años de vida, mismo día que el escritor alemán Gunter Grass. Fue periodista, escritor, poeta, ensayista, alma libre y rebelde. En las tres cuartas partes de siglo que vivió fue capaz de desarrollar un compromiso político y social digno de envidia de cualquier ser humano. En una época de dolor, oscuridad y tormentas como fue la historia de América Latina del siglo XX, él fue capaz de entender desde el primer momento que la verdad se encontraba en los desgraciados, miserables, perdidos, naufragados y desposeídos de la tierra.
Su trayectoria vital es una oda a la libertad y la justicia, su sensibilidad logró crear una nueva manera de entender la realidad, y en última instancia, el mundo.
Preso de conciencia, simpatizante de los movimientos revolucionarios latinoamericanos, dibujante de los contornos de las palabras, férreo defensor de los derechos de la mujer, héroe reprimido por las feroces dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay, fue un hombre que logró entender para qué servían las personas y su obra. Él más que nadie entendió lo que significaba la libertad en el sentido más duro y humano, así como los peligros que para ella suponían la polarización y la violencia estructural del capitalismo.
Aunque se declaraba ateo, entendía el amor y la rebelión como los símbolos de unión en la especie humana, rechazaba las imposiciones y promulgaba las oportunidades. Fue y será un referente de incansable escritor que no calla, que no quiere ni puede callarse cuando los monstruos salen de los armarios y los inocentes sangran por las costillas. No calló contra los asesinos (Videla, Pinochet, Bordaberry, Batista y otros tantos demasiados), contra la "amnesia obligatoria" enseñada en las escuelas y en los centros penitenciarios, contra la desesperación de los hombres y mujeres buenas. Ni siquiera calló cuando fue amenazado de muerte, ni cuando fue encarcelado, ni cuando fue obligado a huir de su tierra.
La voz de los sin voz, en la última entrevista concedida en España, por TV3, Galeano afirmó que "no vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia". Sería un buen epitafio si no fuera porque Eduardo Galeano se encuentra más allá de la frontera de la vida y la muerte. Siempre será un atisbo de luz en la penumbra, un secreto desvelado en la crónica constrictora del pan nuestro de cada día, un derecho al delirio cuando soñar se vuelve delito, un canto a la esperanza donde no la hay. En definitiva, la utopía inalcanzable del que se cree lo suficientemente loco como para creer que otro mundo es posible.
https://www.youtube.com/watch?v=lNxafgc9Z48
Blog sobre escritura, ficción y realidad, surgido de la pasión por la poesía y el amor hacia la vida extraña. Porque leer duele y escribir duele, aunque a ratos parece que alivia.-----------------------------------------"Solo quien ve la belleza del mundo puede comprender los intolerable de su dolor" (Antonio Buero-Vallejo)
lunes, 13 de abril de 2015
sábado, 10 de enero de 2015
El credo de Charlie Hebdo
En estos momentos y después de la espantosa tragedia de Charlie Hebdo ocurrida en París esta semana, tal vez deberíamos empezar a replantearnos lo sucedido. No hay mejor momento que el actual para bendecir y maldecir por lo que ha sucedido, por la urgencia del momento.
Hagamos una enumeración, un credo, a tres días de la masacre y un día desde la muerte de los asesinos.
Malditos sean Chérif y Said Kouachi, tristes y grotescas marionetas, ignorantes y deshumanizados, por asesinar a sangre fría a doce personas y herir a once más. Malditos sean porque sabían lo que hacían, lo sabían mientras buscaban dentro de la oficina las caras de los principales humoristas del semanario para asesinarlos.
Malditos también los asesinos del supermercado, por querer ser segundones homicidas aprovechando el dolor y la miseria producida.
Malditos sean especialmente aquellos que les instruyen (Al Qaeda, Estado Islámico o de demás grupos fundamentalistas) que degeneraron una religión que busca la justicia para transformarla en un manifiesto de la barbarie. Malditos porque pretenden imponer su imperialismo del terror y la sumisión. Malditos porque se apoyan en la irracionalidad y el fanatismo de gente desesperada (como los Kouachi o los asesinos del supermercado) para satisfacer sus ansias de poder y ambición (material, nunca espiritual).
Malditos sean Jean-Marie y Marine Le Pen, fascistas sin corazón, oportunistas calculadores y mezquinos, por atreverse a hacer política en un momento como este y pretender canalizar el odio para que la islamofobia se convierta en bandera nacional.
Malditos los órganos de poder occidentales, norteamericanos y europeos, porque con la tragedia ven satisfechas sus ansias de encontrar un enemigo con el que cebarse para dejar sin saliva a los que critican su injusta supremacía.
Malditos todos ellos, infames y desgraciados.
Sean benditos aquellos que se solidarizan realmente con las víctimas de la barbarie, y los que se muestran escépticos con aquellos que lo hacen por moda y no por amor a la libertad. Bendita sea la libertad, porque es la última palabra que pronunciaron antes de caer sucumbidos por las balas. Benditos aquellos que entienden que el islam no es culpable, sino víctima del atentado, y luchan por crear una visión más verdadera de este.
Benditos los once heridos, los familiares y amigos de las víctimas, los que más sufren este triunfo de la estupidez humana. Ojalá que algún día puedan recuperarse.
Bendito el humor irreverente, satírico, que no cede a presiones. El humor políticamente incorrecto, coherente, inconformista, grosero, reivindicativo, suspicaz y lúcido, porque es una muestra de que se puede hablar de verdad sobre lo que preocupa a la gente corriente. Porque es una muestra de que verdaderamente existe libertad de expresión y un indicador de la sana salud mental de un país.
Benditos sean el lápiz y el bolígrafo porque son instrumentos hechos para crear, para imaginar e insurgir, mientras que las armas son instrumentos que solo pueden destruir, herir, rasgar, mutilar.
Benditos los muertos. Benditos los cuatro anónimos asesinados en el supermercado, inocentes cuyas vidas han sido sesgadas por una causa que desconocen. Y benditos sean Fréderic Boisseau, Elsa Cayat, Franck Brinsolaro, Bernard Maris, Cabu, Ahmed Merabet, Michel Renaud, Wolinsky, Mustapha Ourrad y Tignous. Bendito sea Charb, director de la revista, aquel dibujante que dijo que prefería morir de pie antes que vivir de rodillas, palabras que cumplió hasta las últimas consecuencias.
Benditos todos ellos, porque son inocentes. Porque no serán olvidados.
No quisiera acabar sin la frase tan magistral que incluye el poeta Juan Carlos Mestre en su poema "La tumba del apóstol". Una frase atribuida al apóstol Santiago, creyente del mismo dios en el que creen los musulmanes, que reza así:
"Podéis atar mis manos,
pero no mi bendición y mi lengua"
Hagamos una enumeración, un credo, a tres días de la masacre y un día desde la muerte de los asesinos.
Malditos sean Chérif y Said Kouachi, tristes y grotescas marionetas, ignorantes y deshumanizados, por asesinar a sangre fría a doce personas y herir a once más. Malditos sean porque sabían lo que hacían, lo sabían mientras buscaban dentro de la oficina las caras de los principales humoristas del semanario para asesinarlos.
Malditos también los asesinos del supermercado, por querer ser segundones homicidas aprovechando el dolor y la miseria producida.
Malditos sean especialmente aquellos que les instruyen (Al Qaeda, Estado Islámico o de demás grupos fundamentalistas) que degeneraron una religión que busca la justicia para transformarla en un manifiesto de la barbarie. Malditos porque pretenden imponer su imperialismo del terror y la sumisión. Malditos porque se apoyan en la irracionalidad y el fanatismo de gente desesperada (como los Kouachi o los asesinos del supermercado) para satisfacer sus ansias de poder y ambición (material, nunca espiritual).
Malditos sean Jean-Marie y Marine Le Pen, fascistas sin corazón, oportunistas calculadores y mezquinos, por atreverse a hacer política en un momento como este y pretender canalizar el odio para que la islamofobia se convierta en bandera nacional.
Malditos los órganos de poder occidentales, norteamericanos y europeos, porque con la tragedia ven satisfechas sus ansias de encontrar un enemigo con el que cebarse para dejar sin saliva a los que critican su injusta supremacía.
Malditos todos ellos, infames y desgraciados.
Sean benditos aquellos que se solidarizan realmente con las víctimas de la barbarie, y los que se muestran escépticos con aquellos que lo hacen por moda y no por amor a la libertad. Bendita sea la libertad, porque es la última palabra que pronunciaron antes de caer sucumbidos por las balas. Benditos aquellos que entienden que el islam no es culpable, sino víctima del atentado, y luchan por crear una visión más verdadera de este.
Benditos los once heridos, los familiares y amigos de las víctimas, los que más sufren este triunfo de la estupidez humana. Ojalá que algún día puedan recuperarse.
Bendito el humor irreverente, satírico, que no cede a presiones. El humor políticamente incorrecto, coherente, inconformista, grosero, reivindicativo, suspicaz y lúcido, porque es una muestra de que se puede hablar de verdad sobre lo que preocupa a la gente corriente. Porque es una muestra de que verdaderamente existe libertad de expresión y un indicador de la sana salud mental de un país.
Benditos sean el lápiz y el bolígrafo porque son instrumentos hechos para crear, para imaginar e insurgir, mientras que las armas son instrumentos que solo pueden destruir, herir, rasgar, mutilar.
Benditos los muertos. Benditos los cuatro anónimos asesinados en el supermercado, inocentes cuyas vidas han sido sesgadas por una causa que desconocen. Y benditos sean Fréderic Boisseau, Elsa Cayat, Franck Brinsolaro, Bernard Maris, Cabu, Ahmed Merabet, Michel Renaud, Wolinsky, Mustapha Ourrad y Tignous. Bendito sea Charb, director de la revista, aquel dibujante que dijo que prefería morir de pie antes que vivir de rodillas, palabras que cumplió hasta las últimas consecuencias.
Benditos todos ellos, porque son inocentes. Porque no serán olvidados.
No quisiera acabar sin la frase tan magistral que incluye el poeta Juan Carlos Mestre en su poema "La tumba del apóstol". Una frase atribuida al apóstol Santiago, creyente del mismo dios en el que creen los musulmanes, que reza así:
"Podéis atar mis manos,
pero no mi bendición y mi lengua"
miércoles, 4 de junio de 2014
Ideario
Ideario
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.
Francisco M. Ortega Palomares
Cuenta atrás (1996)
viernes, 30 de mayo de 2014
Tango azul
La ficción y la realidad eran exactamente lo mismo.
J.M BARRIE
Tango azul
En una ocasión, la policía me tiroteó.
La historia tiene su punto. Te la cuento:
nos ligaron en un coche robado,
nos cercaron,
nos mandaron bajarnos del buga
y apoyar las manos en el maletero para
cachearnos,
esposarnos,
llevarnos a comisaría. Era viernes.
El sábado tenía pensado estrenar ropa
para ir a la discoteca, todo maqueado,
a vacilar con las chorbitas. No lo pensé
dos veces, me di la vuelta y salí por pies.
La esquina de la salvación estaba cerca.
Uno de los maderos dijo, gritó:
¡Quieto ahí, hijo de puta, o te mato!
Me disparó.
Me disparó a menos de 5 metros de distancia
y falló. Escapé. Estrené mi ropa nueva. Vacilé.
Pero lo importante de esta historia no es esto.
Lo importante es lo que yo siempre digo:
debería haber acertado,
debería haberme matado en ese mismo instante,
cuando no le tenía miedo a la muerte,
cuando todavía era
feliz.
David González
Tango azul (2005)
Manifestar (apuntes)
Manifestar (apuntes)
Manifestar significar con palabras no se podría
pero con aullidos sí
y también con pancartas, o canciones;
.
Vinieron para rehacer el mundo
y, manifestando, se declararon a la altura
La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos
Pero la amabilidad se ha perdido
.
Cualquier cosa que se manifieste
lo único que se manifiesta es la fuerza
aunque sólo sea la fuerza de los destinados a la derrata
.
Todo lo que no se puede significar con palabras
no es más que pura y simple fuerza-
¡Pero cuánta inocencia en no saber esto!
¡Qué jóvenes hay que ser para creerlo!
.
Ya se que la libertad es incompatible con el hombre
y el hombre, en realidad, no la quiere, intuyendo que no es para él,
¡cuántas obligaciones me he inventado envejeciendo
para no ser libre!
De acuerdo, pero los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples,
los más jóvenes, aún se inventan más obligaciones de éstas,
es más, al venir al mundo lo primero que hacen es adaptarse a ello;
triunfalmente;
haciendo creer a sí mismos y a los demás
que se trata de obligaciones necesarias a una nueva libertad.
La realidad es que un muchacho venido aquí de la nada, y totalmente nuevo,
se las ingenia enseguida para defenderse de la verdadera libertad
Es, sobre todo, un muchacho que conoce y acepta los deberes;
y manifiesta la fuerza de su aceptación,
maravillosa adulación del mundo.
.
La gracia renace siempre a través de la obediencia
y puede que, puede que…
¡Obedecer a los deberes de la revolución! ¡Manifestando!
.
Por densa que sea la trama de los deberes de un anciano
algo en ella se ha desgarrado
y yo, en efecto, vislumbro la intolerable faz de la libertad;
no teniendo ya ni gracia ni fuerza,
intenté entonces defenderme sonriendo, como precisamente
los viejos, que se las saben todas -
Pero la libertad es más fuerte: aunque sea por un rato
quiere ser vivida -
.
Es un valor que destruye cualquier otro valor
pues todo valor no es más que una defensa
erigida contra ella;
.
y los valores, precisamente, son sentidos sobre todo por los simples;
por los jóvenes
(sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia);
.
Es en ellos en quienes los Jefes cuentan para seguir adelante,
con sus limpias, inocentes filas -
Sencillez y juventud, formas de la naturaleza,
en vosotras la libertad es renegada
.
a través de una serie infinita de deberes,
limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando
se grita con aire amenazador obediencia
que los sencillos y los jóvenes son fuertes
y aún no saben que no pueden tolerar la libertad.
Pier Paolo Pasolini
19 de abril de 1970
(Abril, dulce dormir)
pero con aullidos sí
y también con pancartas, o canciones;
.
Vinieron para rehacer el mundo
y, manifestando, se declararon a la altura
La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos
Pero la amabilidad se ha perdido
.
Cualquier cosa que se manifieste
lo único que se manifiesta es la fuerza
aunque sólo sea la fuerza de los destinados a la derrata
.
Todo lo que no se puede significar con palabras
no es más que pura y simple fuerza-
¡Pero cuánta inocencia en no saber esto!
¡Qué jóvenes hay que ser para creerlo!
.
Ya se que la libertad es incompatible con el hombre
y el hombre, en realidad, no la quiere, intuyendo que no es para él,
¡cuántas obligaciones me he inventado envejeciendo
para no ser libre!
De acuerdo, pero los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples,
los más jóvenes, aún se inventan más obligaciones de éstas,
es más, al venir al mundo lo primero que hacen es adaptarse a ello;
triunfalmente;
haciendo creer a sí mismos y a los demás
que se trata de obligaciones necesarias a una nueva libertad.
La realidad es que un muchacho venido aquí de la nada, y totalmente nuevo,
se las ingenia enseguida para defenderse de la verdadera libertad
Es, sobre todo, un muchacho que conoce y acepta los deberes;
y manifiesta la fuerza de su aceptación,
maravillosa adulación del mundo.
.
La gracia renace siempre a través de la obediencia
y puede que, puede que…
¡Obedecer a los deberes de la revolución! ¡Manifestando!
.
Por densa que sea la trama de los deberes de un anciano
algo en ella se ha desgarrado
y yo, en efecto, vislumbro la intolerable faz de la libertad;
no teniendo ya ni gracia ni fuerza,
intenté entonces defenderme sonriendo, como precisamente
los viejos, que se las saben todas -
Pero la libertad es más fuerte: aunque sea por un rato
quiere ser vivida -
.
Es un valor que destruye cualquier otro valor
pues todo valor no es más que una defensa
erigida contra ella;
.
y los valores, precisamente, son sentidos sobre todo por los simples;
por los jóvenes
(sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia);
.
Es en ellos en quienes los Jefes cuentan para seguir adelante,
con sus limpias, inocentes filas -
Sencillez y juventud, formas de la naturaleza,
en vosotras la libertad es renegada
.
a través de una serie infinita de deberes,
limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando
se grita con aire amenazador obediencia
que los sencillos y los jóvenes son fuertes
y aún no saben que no pueden tolerar la libertad.
Pier Paolo Pasolini
19 de abril de 1970
(Abril, dulce dormir)
Al príncipe
Al príncipe
Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.
Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.
Pier Paolo Pasolini
De "La religión de mi tiempo" 1961
Versión de Delfina Muschietti
Versión de Delfina Muschietti
Pasolini y la religión de su tiempo
Es triste que, a día de hoy, la figura del cineasta, escritor y poeta Pier Paolo Pasolini (1922-1975) apenas haya trascendido de una manera contundente en la escritura y pensamiento contemporáneos. Aunque he de decir que mis conocimientos acerca de su obra son más bien limitados, sí puedo decir rotundamente que Pier Paolo Pasolini es una representación sin igual del héroe desgarrado contemporáneo, un hombre incomprendido que busca el amor en un siglo XXI lleno de contradicciones.
“En toda mi vida jamás he ejercido una acción violenta, ni física, ni moral. No porque yo soy un fanático de la no-violencia. La cual, si es una forma de autocostricción ideológica, también es violencia. Nunca he ejercido en mi vida violencia alguna, ni física ni moral, simplemente porque he confiado en mi naturaleza, es decir en mi cultura...”
Comprometido hasta el final con los más desfavorecidos de la tierra. Defensor sin igual de los desposeídos de un sistema que olvida a sus numerosas víctimas con una velocidad despreciable.
Pasolini nació en la Italia de 1922, en la ciudad de Bolonia, hijo de una humilde ama de casa y de un militar fascista, violento y alcohólico. La infancia y juventud del joven poeta quedará duramente marcada por el maltrato de su padre a su madre, el asesinato de su hermano mayor Guido (partisano antifascista combatiente contra el Gobierno de Mussolini) y sus primeras experiencias con la escritura. Todo ello conformará los rasgos que le caracterizarán en sus posteriores andanzas: transgresor con el arte, comprometido con los más pobres (de ahí su fuerte militancia comunista, incluso después de ser expulsado del Partido Comunista Italiano por ser homosexual), firme en la búsqueda de la verdad (de ahí las calumnias hacia su persona acusándole de pederasta o enfermo) e implacable con el viejo fascismo (al que logra retratar en la horrenda película Salò o los ciento veinte días del Sodoma) y la era de la globalización que vislumbra, y que no deja de ser un nuevo fascismo más sofisticado y cruel.
Pasolini murió asesinado en 1975, apaleado como si fuera un perro sarnoso, en unas circunstancias que no se han podido (o tal vez querido) aclarar hasta hoy. El fascismo acabó matando al cantor de la vida, al defensor de los pobres, al poeta y al hombre, y lo condenó injustamente al ostracismo de la nueva era.
Pero no lograron matar a su mensaje, a su vida y su sentido, y no lo lograrán mientras aún existan hombres buenos que atrevan a levantarse contra la injusticia.
De las palabras de Pasolini yo me quedo con unas declaraciones sobre la violencia, que suponen desde mi perspectiva la culminación de un pensamiento que no cae en la brutalidad e irracionalidad, sino que aboga por la educación, la bondad humana y el arte como vehículos de transformación del mundo:
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